EDITORIAL

 

Gabriel García Márquez

 

LOS INICIOS DE UN PROYECTO IBEROAMERICANO

En el año 2000 Casa de las Américas, con sede en La Habana, realizó el Segundo Encuentro Iberoamericano de Revistas Culturales. El Primer Encuentro se efectuó en Bogotá, en 1997, organizado por la Asociación de Revistas Culturales Colombianas (ARCCA), en colaboración con la Asociación de Revistas Culturales Españolas (ARCE) y otras instituciones. El Encuentro en Cuba reunió a representantes ~en su mayoría directores y a otros miembros de su dirección~ de revistas culturales y literarias de Latinoamérica y España (incluida la revista Rampa).

En el evento una serie de directores nos comprometimos a establecer puentes culturales entre un país y otro, canalizando nuestras revistas para tal fin. Fue así como Rampa hizo su primer puente cultural entre el Departamento de Antioquia y el Estado de Salzburgo en Austria. Publicamos autores austríacos en alemán con su respectiva traducción al español, mientras que el Magazin Cultural Xicoatl, en Salzburgo, publicó autores antioqueños, también en edición bilingüe alemán~español. El segundo intercambio fue con la revista virtual argentina El Muro. Con el Puente Cultural Medellín~Buenos Aires llegamos a la edición de papel número 14, y con este mismo número arrancamos con la versión digital número 1. Por problemas económicos, en los que sin duda tuvo que ver la recesión económica que vivía el país, decidimos no continuar con la revista de papel y mejor mantenerla como una publicación solamente digital. En esas circunstancias editamos la número 2 en un intercambio literario con la revista Oxigen de España, dirigida por el joven escritor Óscar Bribián.

LAS PUBLICACIONES LITERARIAS

Rampa comenzó siendo una revista cultural y a partir de la número 13 se convirtió en una publicación literaria. ¿Otra más? Al menos en Colombia el exceso de publicaciones literarias es sólo aparente. No se crea una revista por el mero prurito de crearla, requiere de más razones y menos emociones. Hay un panorama desértico en materia de revistas con valioso contenido cultural y literario. Escasean las revistas que sorprendan por su contenido y calidad editorial, que recojan en sus páginas, con un criterio amplio, la vida cultural del país. Sin desconocer que existen revistas que cumplen una labor destacada, sobre todo en el campo de la literatura. También hay revistas que son el producto de la realización industria~cultura, pero son válidas como aporte a la cultura.

Una publicación excepcional en la historia de las revistas colombianas fue la revista Mito (1955-1962), fundada por Hernando Valencia Goelkel y Jorge Gaitán Durán, quien la dirigió, y se acabó cuando éste murió en un accidente de aviación. El nombre de Mito proviene de su intención de correr los velos de la mentira y de la doble moral, de examinar esas mentiras y develarlas. Juan Gustavo Cobo Borda compendió el devenir de Mito en cuanto que «no se puede hoy hablar de narrativa colombiana contemporánea sin mencionar a García Márquez, ni aludir a la poesía que en estos tiempos se ha escrito en Colombia, sin citar a Álvaro Mutis. Igual sucede, a nivel del teatro, o la crítica artística o literaria, en relación con Enrique Buenaventura, Marta Traba o Hernando Valencia Goelkel. Sólo que sus trabajos iniciales, en tal sentido, aparecieron por primera vez en Mito, en pie de igualdad con otros textos nacionales o extranjeros, sin los cuales no se explican del todo». A estos nombres se añaden los de Álvaro Cepeda Samudio, quien publicara una parte de su novela La casa grande, y el filósofo Rafael Gutiérrez Girardot.

Hay revistas por doquier, que casi siempre terminan asfixiadas económicamente. Hay revistas que nacen muertas, revistas que en un altísimo porcentaje no pasan del primer número. Hay que acogerse a «El no sin los otros», pero en este país somos muy malos para trabajar en equipo. Si hay algo característico de las publicaciones culturales es su condición efímera, su vida breve. Especialmente por falta de apoyo económico. A las empresas no les interesa publicitar en ellas sencillamente porque no son comerciales, porque en general no tienen un gran tiraje. Y una re~vista es algo que se repite en su hacerse ver, es algo en serio y en serie que se orienta en forma especializada a tratar uno o varios temas de interés literario, artístico, social o político; aunque en la actualidad muchas revistas se organizan como un salpicón de temas.

¿HAY POLÍTICA CULTURAL DEL ESTADO?

Percibo inadecuada la política cultural existente por parte del Estado. En Colombia se creó un Ministerio de la Cultura y resultó como se pensaba: ineficiente y burocrático. Se recuerda más lo hecho por Colcultura, por ejemplo cuando se editaron en papel periódico libros de literatura universal y nacional a precios módicos. Ya lo había dicho Alvaro Mutis: «Dios nos ampare de que algún día se nos aplique en Colombia eso que llaman una 'política cultural'. ¿No bastan, acaso, los ejemplos de Hitler, Stalin, Mussolini y McCarthy para ilustrar las nefastas consecuencias de tamaño despropósito?». En lugar de un ministerio, Gabriel García Márquez propuso un Consejo Nacional de Cultura, estatal y no gubernamental, desprovisto de burocracia, destinado a administrar el apoyo de una serie de actividades culturales con fondos públicos e incluso con fondos privados. Sería un organismo semejante en muchos aspectos al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México, que no siendo un ministerio ha cumplido su función a cabalidad. Y García Márquez tiene razón por cuanto es mejor no pasar por los engranajes administrativos y políticos.

El Estado moderno es por completo extraño a la cultura y como tal presenta el peligro de entorpecer, distorsionar y hasta detener el natural desarrollo del proceso creativo de la cultura. Artistas colombianos como el propio Gabriel García Márquez, Alvaro Mutis, Fernando Botero, por no mencionar sino algunos, nunca han recibido subsidio, han vivido única y exclusivamente de sus actividades artísticas, sin necesidad de un ministerio, hasta lograr un merecido reconocimiento internacional. Como tantos otros, jamás supieron de apoyo oficial alguno. Sin embargo los trabajadores de la cultura y los creadores artísticos necesitamos de un apoyo oficial, económico del Estado. La política de subvenciones, tanto a las publicaciones como a los escritores, debe convertirse en un derecho.

Rubén López R.
Director de RAMPA