Revista Rampa


 

 

 

 

JULIO BEPRÉ

 

ENREDO

Suceden ausencias y regresos

y hay gestos displicentes, familiares o extraños

entre conjeturas y porfías

y aun cuando todo se resuelva en un olvido.

 

Relumbra el cristal de unos anteojos

y el cielo acoge

un marítimo azul mediterráneo

junto a un rojo sabor de guindas frescas.

 

No lejos un agua se derrama

e irrumpe en nuestra indiferencia

un pudor inasible y una voz

ceñida en el desvío.

¿Es esto realidad o fantasía?

 

NOCHE

Quizá inmóvil continúe

en un profundo sueño.

 

ENTORNO

Tendido en la frescura de la hierba

miro un cielo cercano e inasible.

 

Seducen sus lúdicos matices

y el continuo paseo de las nubes.

 

Aquí nace el aroma

de las flores

endulzando el espacio.

 

Algunas voces entre varios gestos

dispersos se unen

en este entorno donde fluye

el sencillo ajetreo de la vida.

 

SOMBRAS

Con un crujido inmenso en la sombra nocturna

el instante se hacía irresuelto en sí mismo.

 

Los ojos algo abiertos al pavor se ofrecían

y él ansiaba una luz abrumado en su miedo.

 

Pero al fin la mañana se anegaba de sol

y en esa hora nueva el infantil insomnio

 

era un temor dormido.

 

SALIDA

Me adentro en el jardín

y al instante respiro

el aroma sutil de un limonero.

 

Advierto complacido después

el brillo dócil de la luz

al recostarse a la par de la hora,

en tanto acrece allá a lo lejos

la bulla festiva de los niños.

 

Sin embargo la historia

tiene amargo avatar

y equívocos penosos

si el desamor divide.

 

Mas hoy me obsede la mañana

y el aire se desvela y recompone

porque el cielo aparece

lleno todo de un añil infinito.

 

La vida es esto que se aleja

mas mi mano retiene aún el fruto

y me llena el olor del limonero.

 

ESTE OFICIO

No supe sino hacer con lentitud mi oficio. Callado y solitario me desafió el azar frente a un instante invasivo y confuso. A su rígido límite la incógnita llegó pero logré acoger la infinitud del cielo.

Esta ciudad se brinda junto a un mar veleidoso y la calle parece deshacerse en la bruma.

Y al cavilar me surgen geografías distintas: acantilados, golfos, bahías y arrecifes. ¿Es real el continente desprendido del mapa y sin nadie a la vista o es de un náufrago el grito clamoroso que llega?

Camino por el puerto donde se oyen adioses. Se acentúa el trajín porque zarpa un navío.

Una estela se forma e indefine a lo lejos. El día se desplaza por la luz mañanera e intento dar entonces un destino a mis pasos.

Imagino otra tierra, una ocasión distinta, mas el ansia deniega la intención que ambiciono.

Me acerco más a mí y afino la memoria: acepto este sigilo tortuoso en el que me hallo. Pero ahora me agobia el peso de este oficio.

 

ERRABUNDO

A esa unción vivida ofrece reavivar su sueño y entregarlo a otra noche. ¡Cómo atraviesa un cuerpo el tardío amanecer y esa violencia propia de unas sombras ilesas!

Incauto en ese asedio quizá pueda rodearlo alguna exigua piedad escondida en el mundo: al ausentarse el día apenas recoge la hundida imagen de todos sus instantes.

Y así con lesivo ajetreo lo acompaña su historia, e intenta baldar la suerte en la que vive, pero siempre regresa al lugar del dilema.

¡Se frustró tantas veces lo esperado y posible!

Reaparecen deshechos los pasos del inicio y al revisar sus actos se atribula otra vez porque un riesgo lo acosa.

De a ratos lo visitan imágenes difusas: unas flores marchitas, esos rostros que hoy viven y retraen su ausencia, el caprichoso y húmedo esbozo en la pared y la terca polilla averiando las horas.

Ingenuo quizá sea admitir otra espera y seguir otro rumbo.

Una ocasión se asoma y parece atraer una antigua ilusión pero alarga el delirio.

Resigna sus anhelos, viene y va, se pregunta y responde, y al mirarnos define lo que siempre ha buscado.

Y continúa así extraviado en el mundo.

 

© Julio Bepré (Córdoba, 1943). Es abogado y reside en Buenos Aires. Es poeta y ensayista. Tiene una obra escrita extensa y sus dos últimos libros poéticos son Andante inmoderato (2002) y Caducidad de la sombra (2005). Últimamente incursionó en el cuento breve y ha traducido a poetas italianos contemporáneos.

 

 

LUIS RAÚL CALVO

  

VILLA DEVOTO (1973)

Esta pequeña eternidad se origina en el
instinto.
Voz que se guarece en la noche de todas las
tormentas.
Amar fue destituir a los rojos conserjes, de
los hoteles
habitados por las ondas paralíticas.
Las escenas pasan, pero algo perdura en el
vahído
de los nómades.
El delirio de los presos condenados a ser libres
tus besos suspendidos en el manantial de la
locura
y ese rostro de horror de las mujeres, eternizadas
en el ojo de la viuda.

Los vestigios de la luna en el lago
son la zona macabra de los signos perdidos.
Alguien reconstruyó el escenario del crimen
con las muletas olvidadas en un fragmento de
nuestra historia.

 

ACTO SECRETO

Un acto secreto no es la revelación
de lo impuro.
Hay cien formas diferentes de descifrar
la vaguedad de un grito, la caída de una
lágrima en el plato del gato
los interrogantes acumulados
en tantos
años de silencio.
Diana había encontrado el modo
de acomodar su cuerpo en la oscuridad
de los días, en ese estado letal donde
las horas se detienen y se recobran
los sentidos.
No fue el exterminio de los magos
ni el llanto rural de las primeras
mañanas el principio de su infortunio.
De madrugada, propuso un pacto imaginario
con el cielo raso, celebró la eucaristía
con furiosas dentelladas, y enjuagó
sus anónimas manos
en la beatitud
de las focas circenses.

Estar solo es una forma de vivir
con lo siniestro.

 

APROXIMACIÓN DE LOS CUERPOS

La rebelde aproximación
de los cuerpos
no es una extraña coincidencia.

Algo fluye en los líquidos
celestes, en un vano intento
por restaurar el orden perdido.

En las madrigueras fluviales
quien pierde en un minuto
de su vida, el terror obsceno
por las sanas costumbres
ha salvado a un hombre.

 

CUERPO DE LA VOZ

 El cuerpo de la voz no está
en la voz ni en su sonora
transparencia.

Las esquimales deambulan
con sus prohibiciones marítimas
mientras se posa en sus vientres
la inocua tentación del orgasmo.

Como esa intrincada piel
que deseamos tocar
sólo una vez que ha partido.

 

CUATRO RAZONES PARA EXPLICAR UN FINAL

 No hay cuatro razones que sirvan para
explicar un final.

Las cifras matemáticas sólo le atañen a los científicos
de cabeza rapada hasta los sesos, a los estadistas
preocupados por el destino de un país, a los maestros
amotinados por años en un claustro, intentando explicar
lo inexplicable.

No. El final que nos ocupa presupone otras cosas
la palidez de un rostro aprisionado en las paredes
sacerdotales, la maliciosa perspicacia del marasmo
en un comienzo que fue indefinido, el doloroso paso
a esa extraña aventura que es el amor.

Ella, de niña, escribió cuentos para que su madre
imaginara que las hadas del paraíso no habrían
 de pervertirse con el tiempo, pero esto fue en vano
como era previsible, la ingenuidad esconde oscuras
intenciones, mercados de liebres atosigadas por los
hoscos marinos del trópico, injurias premeditadas
por los tramposos duendes de la primer inocencia.

No hay cuatro razones que sirvan para explicar un final
pero esta delgada y maldita ausencia pesa más
mucho más, que este duro oficio de vivir.

 

POEMA XIV

Hay diferentes momentos
para poder arribar
al conocimiento de la vida.
Por aquellos días
la luz era luz
la oscuridad, oscuridad
el padre y la madre
seres sin tiempo ni memoria.
Debieron suceder cosas
crecer haciendo la vista gorda
a los diarios pesares
-acaso una de las formas
más penosas del olvido-
comprender que ni la luz
ni la oscuridad, ni los padres
se asemejan a esas primitivas
sensaciones.
Lo recuerdo hoy, cuando la bruma
se torna inapelable a los sentidos.
Hoy, que la luz es sólo oscuridad.

 

POEMA XIV

La casa donde reposan los recuerdos
no reconoce dueños ni pertenencias
del pasado.

En su entraña se cobijaron
historias vividas y no vividas.
Allí nacieron cuentos de hadas
voces parciales de un drama
creado a imagen y semejanza
de un héroe de fantasía.

Alguien debería narrarnos hoy
otros espejismos, para saber
que conjeturaban el lobo
el villano, la bruja de alcoba
sobre esos mezquinos relatos.

La casa donde reposan los recuerdos
es una deuda pendiente, un sueño inconcluso.

 

POEMA XXII

Breve fue ese tiempo de tiernas voces
como las aguas cristalinas
reposan en secreto.

Cada tanto, ellas reaparecen
en las madrugadas de vigilia
para alejar a las sórdidas criaturas
que nos instigan.

A veces, también acude en auxilio
el mago de la infancia, con su vieja sentencia:
«Nada por aquí, nada por allá».

 

POEMA XXIII

En vacaciones, la gente sonreía
por sonreír, casi sin pensar.

Ciertamente
nada ha cambiado desde entonces.
(Debe ser lo único que sobrevivió
al diluvio del tiempo).

Ser feliz debe ser eso:
una corta jornada de vacaciones.

  

POEMA XI

El viejo sabio, ginebra en mano
filosofaba sobre la pasión:
«Quien sea capaz -aseveraba sin dudar-
de rescatar del piso, un bello clavel
destinado seguramente a un amor de cautiverio
nunca imaginará que habrá preservado
por los siglos de los siglos
lo único verdadero que nos habita
y nos aleja de la muerte».

 

©Luis Raúl Calvo nació en Buenos Aires, Argentina en 1955. Es Licenciado en Psicología y poeta. Dirige la revista cultural Generación Abierta (Letras-Arte-Educación), fundada en el año 1988. En poesía ha publicado: Tiempo dolorosamente resignado (1989), La anunciación de la partera (1992), Calles asiáticas (1996)), Bajos fondos del alma (2002).

 

RICARDO GÓMEZ LÓPEZ

 

LUCY

Lucy es la hermana mayor
Se fue a Buenos Aires y allá se quedó. En sueños
jugamos a que yo la visito
o que ella     despacito por los Andes
para no despertar la nieve.
        La Pampa es grande
y la cruzo dentro de una carta
allí me apersono
le cuento que mamá es «más» abuela
(ella más tía en consecuencia)
que el Metro cruza en cruz el centro
        y nadie se persigna
que los valses pa las cármenes
ni las cuecas del dieciocho
son lo mismo.

        En este domingo de nostalgia
trato de escribirle líneas alentadoras
pero la alegría no resulta.

Tomo la guitarra y compongo una canción
en DOlor Mayor sostenido
y paseo nuestras risas por la infancia.
No es que esté solo
                       sólo que me siento
incompleto.
(perdona mi caligrafía ardorosa
al parecer el lápiz tiene fuego)

        Escribe pronto y no vayas
a decir que tienes canas verdes
Manda un beso con el sol
dime que la lluvia no hace charcos en tu rostro
dime que volveremos a cantar y reír juntos
dime
        por favor
que todavía y más
somos hermanos.

 

SEMILLA-CEMENTO

Estábamos
               en el campo
y plantamos
                 una ciudad.
Lástima
                 que no
                         podamos podar
los edificios.

 

GENERACIONES

Te tiemblan las piernas
            Atlas.
Aguanta otro poquito.

Quiero conocer a mis nietos.

 

CERCA DE LA SIMA DE BABEL

En calle Bandera
-entre Compañía de Jesús y Huérfanos-
        la urbe se agita
mientras la multitud extravía inspiraciones
una hoja blanca se balancea eléctrica
aferrada a un cable telefónico
Con la estampida de las 12 p.m.
se precipita pálida
bajo las suelas rápidas del transeúnte

Al ocaso
detrás de un kiosco yace la hoja
        a t e r r a d a
su faz luce una mancha pop:
        helado de frutillas
que escurre sobre el dibujo naif
de una familia tomada de la mano
un bubble gum     lacre su pecho
el escupitajo      a sus pies
a-firma la civilidad cotidiana

Desde entonces
        las vagabundas hojas sueñan
        en campos     virginales
ducharse desnudas bajo la luna
ausentes del shock capitalino
y de todos los edificios cómplices
        que noche a noche
        bostezan
con sus melenas de neón.

 

SIN DESPERTAR

Sueño
        o recuerdo
con los ojos sobre los rieles
que se ahogan en el asfalto

Sueño     o recuerdo
el carro de las seis
los obreros     la fábrica
esperando a mi padre

Sueño
        o recuerdo
adoquines
en donde se recostaba la garúa
después del otoño
y el pito de las siete y media
de la textil del barrio

Sueño o recuerdo
el desayuno
corriendo tibio
por el esófago y el pan de ayer
acompañándome a la escuela

Sueño
        o recuerdo
los calcetines cambiados
y el bolsón repleto
de otros sueños
que sigo soñando.

 

DÍSTICOS

AMAGO DE AMOR

Tú fuego, yo ardor
imagínate juntos.

 

ACCIDENTE NUMÉRICO

Se creía la mujer 10

Soy el 1 que se fue de su lado.

La mujer de mis sueños
pertenece a Morfeo.

Cuando se juntan dos cobardes
algo no va a ocurrir.

En un mundo de heces
nuestra vida sigue siendo muy singular.

Me cansé de pelear con los ególatras

                   ¡Viva yo!

 

© Ricardo Gómez López (Santiago de Chile, 1954), poeta, compositor y arreglador musical, creador y conductor de: Programa radial El Canto de la poesía; y programa radia Letras al aire, de la Sociedad de Escritores de Chile; Director de Revista de Literatura Chilena RAYENTRU y del Taller de Creación Literaria, Cuento y Poesía del mismo nombre. Director de la Sociedad de Escritores de Chile. Productor de la colección de discos compactos Poetas-Chile Siglo XXI, que constituye el mayor registro de voces de poetas chilenos vivos realizado en nuestro país.

         Premios y reconocimientos, entre ellos: Concurso Nacional de Poesía BATA, en Homenaje al Centenario de Gabriela Mistral (1989); Concurso de Poesía Ruta Artística (1989); Beca FONDART (Fondo para el Desarrollo de las Artes, Ministerio de Educación, Chile, 1995).

         Publicaciones: Poegramas (1990); Arte y literatura (1994); Bitácora del Pan (2005).
Discos compactos: Poemas de ida y regreso, dúo urbe-provincia, junto a Nelson Cáceres Araya (2002); Con permiso de la primavera (2004).

          INCLUIDO EN:
          a) Libros: Antología Poética Joven, Iglesia Metodista de Chile (1988); Cuentos de mi país, Antología Poética Extraordinaria, en Homenaje al Centenario de Gabriela Mistral (1989); El pan del hombre (2005); Antología Latinoamericana de Poesía Como ángeles en llamas (2004).
          b) Discos compactos: Poetas-Chile siglo XXI, volumen 1 (2001); Tributo Poético a Pablo Neruda en sus 100 años (2004); Tributo a Gabriela Mistral (2006).
          c) Sitios web y revistas literarias.

 

GUILLERMO PILÍA

 

MUDANZAS

Las mudanzas son buenas para hacer
limpieza de las cosas que a otro sitio
ya no van a acompañarnos: de libros
que ayer nomás llenaban nuestras grietas,
certeros como un padre  o como un credo,
junto a los cuales se crece con culpas.
Igual que aquellos libros    —o el dios de la niñez—
algún día el maestro    deja de ser tan grande
e infalible, como antes lo pensábamos:
le encontramos olores,    ajaduras, resquicios,
y en sus fisuras vemos que tan sólo
era tierra iluminada, que apenas
si la luz lo tocó cuando nosotros
aún íbamos a tientas. Quizá pasen
muchas mudanzas hasta descubrir
—en los ojos vidriosos de un discípulo
por amor o por celos lastimado—
cuánto pesó el maestro    realmente en nuestra vida.
Y olvidemos entonces sus miserias,
su pequeño egoísmo, su miopía
—padre él también, severo y amoroso—
de no ver que ya estábamos crecidos.

 

LOS MAESTROS

Ocho horas diarias de estudio: era el tiempo
que me recomendaban los maestros, en mis años
de estudiante de griego y latín. Cuántas
mañanas, cuántas noches, cuántas tardes
de sol o de lluvia sobre Píndaro y Virgilio...
Tanta seca gramática para escribir
estas tres palabras, maestros, algunos versos
medianamente venturosos... Qué tristes meses
aguardando un examen, repitiendo
aoristos y declinaciones... Pero también,
qué añoranza siento ahora al recorrer los lomos
de libros que hoy no tengo obligación de leer...
—Si hoy ya no existe el profesor de griego
al que tanto quería, el de latín
que me aterrorizaba, si ambos son
hierba y sonido, igual que lenguas muertas...
Yo soy también vosotros, maestros: soy el hijo
que aprendió a vuestro lado la nostalgia
de la luz antigua, pero no a morir; el hijo
que hoy en Píndaro y Virgilio os recuerda.

 

EL MILAGRO

Contaba mi padre que mi abuelo tenía
un ojo que siempre le lloraba, producto
de un golpe que le dio —brutal— mi bisabuelo.
Tendría entre ocho y diez años entonces
y con esa marca vivió hasta los setenta.
Nunca supe qué falta nimia le acarreó
un castigo tan dilatado en la distancia
y el recuerdo: ese ojo lisiado que no obstante
no logró hacerlo cruel ni resentido.
Cuando hoy mi vista llora de cansancio
—como esta mañana que tanto se parece
a aquellas en que escuchaba de niño
la historia de mi abuelo—  pienso en el milagro
de mi padre que no sufrió la misma suerte,
de mis ojos sanos y de los ojos
más sanos aún de mi hijo; en el milagro
de que esa infancia dolorosa de mi abuelo
se haya quedado allá en su isla, y solamente
trajera aquí sin odio un ojo humedecido
que hoy bien podría estar llorando por piedad.

 

QUIJOTES

Con el de hoy ya son tres
los Quijotes que entraron a esta casa:
uno de letras grandes —que leíste
cuando sufrías de los ojos—, otro
que fue conmigo y con mi hijo un verano
en un viaje a Misiones, y el que ahora
editó la Academia —tu presente
de nuevo aniversario—. Como Sancho
sobre el rucio este libro me ha seguido
desde los diez años en que mi padre
me lo dio con inocencia a leer,
en su vieja edición a dos columnas
—de él me queda solamente el recuerdo
de una cama abrigada y confortable
y un olor a papel con humedad
que aún siento y me entristece—. Como Sancho
desde entonces con torpeza he servido
siempre a algún ideal: con esperanza
peregrina de cambiar ciertas cosas
y certeza de acabar apaleado.

 

LO QUE A NADIE LE IMPORTA

Ahora que el tiempo va trayendo sosiego
y que hallo cada cosa en su lugar
—cada cuerpo geométrico en su sitio
como en un test de inteligencia—, ahora
que cada sentimiento ocupa su baldosa
y lo que de mí me avergüenza se equilibra
con lo que de mí me enorgullece,
ahora —precisamente— me acuerdo
—ya casi sin dolor — de las miserias
que ayer nomás pensaba que tal vez
no iban nunca a concederme reposo:
el color azul gris de mi uniforme
de soldado, el amigo o la mujer
que traicioné, el amigo o la mujer
que a mí me traicionaron, la sonrisa
que alguna vez le di —por miedo— a un asesino
y la imagen de mi abuela que comía en silencio
la manzana de sus cien años de pobreza.
Sólo lo que a nadie le importa sino a mí,
lo que no he vivido y lo que siempre he callado,
lo que nunca conoceré ni escribiré,
lo que conmigo se muere: sólo esto me acongoja.

 

©Guillermo Pilía nació en La Plata, Argentina, en 1958. Es egresado en Letras. Su obra poética está integrada por Arsénico (1979), Enésimo Triunfo (1980), Río Nuestro (1988), Río Nuestro / Cazadores Nocturnos (1990), Huesos de la Memoria (1996), Caballo de Guernica (2001), Ópera flamenca (2003) y Herido por el agua (2005); y por dos plaquetas: Viento de lobos y Visitación a las islas (2000).Tiene publicados también cuentos Viaje al país de las Hespérides (2002), Días de ocio en el país de Niam (2006) y ensayos, entre éstos, Historia de la literatura de La Plata (2001). Ha obtenido numerosos premios en la Argentina, España, Francia, Estados Unidos, Ecuador y Chile. Es director de la Cátedra Libre “Francisco López Merino” de la Universidad de La Plata.